Me he dado cuenta que los niños son más propensos a aceptar de forma natural el dolor y el sufrimiento; ellos lo soportan en silencio con humildad y mansedumbre. He sentido un hermoso y dulce espíritu alrededor de estos pequeñitos.
Sherrie, que tiene trece años, tuvo una cirugía de 14 horas para removerle un tumor de la médula espinal. Al recobrar el conocimiento en la sala de cuidados intensivos, ella dijo: “Papi, la tía Cheryl está aquí y el abuelo Norman y la abuela Brown están aquí. Papi, ¿quién es esa persona que está al lado tuyo? Se parece a ti pero es más alto. Dice que es tu hermano Jimmy”. Su tío Jimmy había fallecido a la edad de 13 años de fibrosis cística.
“Por casi una hora, Sherrie describió a sus visitantes, todos ellos miembros de la familia que ya habían fallecido. Después, exhausta, se quedó dormida”.
Más tarde le dijo a su padre: “Papi, todos los niños aquí en la unidad de cuidados intensivos tienen ángeles que los ayudan” .
A todos nosotros el Salvador ha dicho:
“He aquí, sois niños pequeños y no podéis soportar todas las cosas por ahora; debéis crecer en gracia y en el conocimiento de la verdad.
“No temáis, pequeñitos, porque sois míos…
“Por tanto, estoy en medio de vosotros, y soy el buen pastor” .
Nuestro gran desafío individual en esta tierra es llegar a ser “santo[s] por la expiación de Cristo” . Posiblemente este proceso se mida más cuando ustedes y yo sentimos dolor. En la adversidad extrema podemos llegar a ser como niños en nuestro corazón, humillarnos y “orar, trabajar y esperar” pacientemente por la sanación de nuestra alma y nuestro cuerpo. Al igual que Job, después de ser perfeccionados mediante nuestras pruebas, nosotros “[saldremos] como oro” .
( Kent F. Richards, Liahona, mayo de 2011, pág. 17)
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